Ritual de Bingo
- Publicado por Juan Luis en Noticias
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Es curioso como algo cuya toma de decisión no forma parte de nuestra espiral de control es tratado de manejar a través de mecanismos que se escapan de los cánones de la lógica, esto es, una serie de liturgias que ponen en práctica los más duchos en la materia, pensando que de esa forma, algo que no forma parte de la mencionada espiral de control, pasa a ser objeto controlable, que no por ello controlado. Lo que en castellano antiguo se traduce como supercherías o supersticiones de los juegos de azar.
Antigua sala de bingo
Quien más, quien menos ha frotado alguna vez un cupón en la protuberancia ósea de la espalda de algún sujeto (frotar cupón en chepa), o ha entrado con el pie derecho (quizás de espaldas) en alguna sala de bingo. Precisamente los Bingos constituyen una amalgama infinita de diferentes liturgias que bien pueden ser clasificados por rangos de edades o sexo y que en conjunto forman un espectáculos digno de contemplarse.
La razón de esta serie de acciones litúrgicas residen en ver, hacer o decir algo que ha visto, hecho o dicho alguien a quien la fortuna le ha sonreido. Seguir los pasos del afortunado.
Una de las liturgias más extendidas entre los decános de las salas de bingo, es buscar una cabeza de turco para sus intereses económicos. Es extendido el rumor de que quienes nunca han pisado una sala de estas características, traen consigo la suerte. Un veterano siempre tratará de llevar consigo a un virginal jugador de bingo, que son vistos como un preciado tesoro.
Extraño por insólito es aquel jugador, generalmente hombre y joven, que entrará de espaldas en un bingo. Como si mirar directamente a los ojos del destino-azar trajese la mala suerte y de forma esquiva dan la espalda a ese alma que mora a la entrada de las salas.
Generalmente, los bingos son salas siempre enmoquetadas para que las pisadas de los transeúntes no despisten a los jugadores. Una liturgia peligrosa por esta característica mobiliaria del bingo, es enrollar un cartón jugado y no premiadoprenderle fuego dentro del cenicero y . Supuestamente, si se quema totalmente, el éxito está asegurado.
Después de traer a nuestro amigo-víctima, pasar de espaldas a la entrada de la sala, quemar un cartón no premiado, ellas, las más ancianas del lugar (suele estar muy concurrido por este tipo de público), alejan los malos espíritus del kit del jugador que disponen para nosotros. Generalmente, cuando nos sentamos en la mesa hay un cubilete con una ranura para que recojan los cartones usados y un recipiente donde encontrarás bolígrafos o rotuladores. Jamás verás a una ‘binguera’ con el capuchón de un rotulador o bolígrafo puesto en el “culo” (valga la expresión) del mismo, como se haría normalmente. Trae mal fario. Además, no permitirá que nadie en derredor no ponga en práctica esta liturgia.
Mucho ojo con quien se sienta a tu lado. Una sala de bingo no es como una biblioteca, por norma general hay más demanda que oferta de mesas, por lo que casi siempre se deberán compartir con algún desconocido. Este punto es sensible por conflictivo, pues si el anterior inquilino de la mesa te juzga ‘gafe’, se irá en busca de compañía más afortunada. Y has de saber que estar sentado sólo en una mesa de bingo es sinónimo de que esa mesa está gafada.
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