
Aquellos jugadores habituales de Bingo, y los que no lo son, pero simplemente utilizan la lógica para los cálculos matemáticos, saben que las posibilidades que tiene una persona de cantar un bingo al cabo de treinta números son realmente escasas, por no decir milagrosas. Si tenemos en cuenta que un cartón de bingo tiene quince números, significaría que esa persona tuvo un porcentaje de aciertos en su cartón de exactamente el 50%, es decir, el afortunado acertó un número de cada dos que se cantaron. Algo realmente difícil de suponer.
La realidad de la experiencia
Los “expertos” en el juego, aquellas personas que pasan horas tratando de encontrar variantes para mejorar esos porcentajes, parecen haber llegado a la conclusión de que el promedio de bolas necesarias para que alguien complete su cartón es de, aproximadamente, sesenta bolas. O sea que, en general, alguien anotaría un número en su cartón cada cuatro bolas jugadas, con una media del 25% de efectividad.
Como un hecho ya legendario, se recuerda lo que ocurrió en la sala de juegos del hotel “Don Curro”, donde una mujer cantó línea en la bola veintisiete y “bingo” tres bolas más tarde, es decir, en la treinta.
Pero toda persona que juegue al bingo sabe que es muy difícil ser protagonista de un suceso de estas características, y no son pocos los que, a pesar de no perder las esperanzas de ser protagonistas de un milagro, se conforman con cantar el tan esperado “bingo” en la bola que sea, aunque la retribución disminuya considerablemente.