
Todos sabemos que la globalización ha hecho que todos hayamos perdido la capacidad de disfrutar de la vida. Claro que suena algo extremista, pero por qué ya no defendemos algo tan básico como el motivo de nuestra existencia.
Nadie discute que el trabajo es bueno hasta para ser una persona saludable. Las obligaciones, las responsabilidades y la disciplina son fundamentales para que nuestras vidas tengan un equilibrio. Pero cuánto hace uno para que el trabajo en exceso no se vuelva parte de la rutina y no como un extra para algo determinado.
El consumo ha hecho que siempre queramos más y seamos insatisfechos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Las cosas materiales se vuelven un deseo impostergable y las acciones que hacen de la vida una verdadera fuente de satisfacción, quedan relegadas por los artilugios del momento.
Tal es así, que muchas personas trabajan sin saber siquiera por qué lo hacen o lo que es peor, afirman que es solo por el dinero.
Pero la naturaleza es sabia y nuestro cuerpo y mente es parte de ella. Es por eso, que los juegos de azar cada vez ocupan un lugar más fuerte en la sociedad, enquistándose contra viento y marea. El bingo es uno de los más fuertes juegos de azar que suenan cada vez con más fuerza como lo son también las máquinas tragamonedas.
La falta de hobbies y entretenimientos, hace que los casinos en general, sean el antídoto ante tanta presión diaria. Más allá del juego en sí, que todos de alguna manera están proliferando en internet, en televisión y en cuanto evento social se produzca. La gente quiere divertirse… y el Bingo, parece ser una de las mejores opciones.

Todos sabemos que los juegos de azar divierten y entretienen. De hecho, siempre se los utiliza en eventos sociales para recaudar dinero o bien para hacer de la noche, un momento más pasadero y entretenido.
Pero lo gracioso fue lo que me ocurrió hace unos días al recibir una tarjeta de invitación a un casamiento, la cual venía con un cartón de bingo. Al principio creí que era una broma, ya que todos conocen mis gustos por este juego, pero luego al leer la carta de presentación entendí de qué se trataba.
Los futuros esposos querían agasajar a sus invitados, no solo con una fiesta como en todo casamiento ocurre, sino que además, proponían divertir a sus seres queridos con un sorteo de un bingo, donde el ganador se llevaría un premio sorpresa.
La originalidad de todo esto fue lo más llamativo y además del traje de la novia, sin dudas que el tema en todas las mesas (que no eran pocas), era acerca de este novedoso bingo.
Mucho debatimos entre vinos y comentarios de azar, donde el póker, el Black Jack y hasta los mismos dados fueron defendidos por algunos de los invitados. Y miles de conjeturas se abordaron alrededor de cómo podría beneficiar el juego a quien lo propusiera.
Claro que no era el caso de los anfitriones hacerse de dinero o de un pozo, ya que el dinero no era algo en su vida que les faltara. Pero surgieron ideas muy originales para aquellos que quisieran obtener algo de dinero para pasar su luna de miel y sus días de descanso con algo de dinero extra.

En los juegos de casino, ya sean de cartas como el Póker o el Black Jack, o bien la ruleta o las máquinas tragamonedas, siempre tenemos la opción de dos cosas: por un lado saber que la suerte solo es un recurso que se usa cuando uno no sabe lo sufriente sobre un juego determinado; y segundo, en todo momento podemos lograr entablar una relación con los que acompañan la mesa.
Pero cuando nos referimos al casino se dan cosas que sociológicamente son casi imposibles de entender (¿será por eso que es un juego que reúne a millones de personas?).
Los bingos, tradicionalmente se lo llama el juego de la familia. Y mucho tiene que ver por un lado su sencillez y por otro que no requiere otro factor que la suerte para poder ganar. Esto hace que todos los integrantes de una familia se presenten a jugar cuando alguien sugiere ofrecer los cartones.
También es muy utilizado para eventos sociales, ya que reúne a mucha gente. Lo mismo ocurre cuando ofrecen salidas para solos y solas. El bingo parece ser la excusa perfecta para encontrar parejas amorosas.
Pero lo que llama la atención, es que el bingo, termina siendo un juego de solitarios. Si bien el juego se presta para dialogar con todos los participantes que nos rodean y hasta hacer bromas al respecto y poder intercambiar algunas palabras, con el correr de los minutos el juego se vuelve muy personal. Llega un momento donde estamos solos con nuestros cartones y las bolillas que salen.
Leer el resto de esta entrada