
Edwin S. Lowe, un juguetero de Nueva York, se interesó en el juego de bingo durante un carnaval en Norte América. En aquella oportunidad el juego era conocido como Beano. Edwin visualizó en el entretenimiento un objetivo personal y se propuso perfeccionarlo.
Desde sus comienzos, una de las actividades que más preocupaba a los organizadores del juego era la correcta diagramación de los cartones. Los cartones son un elemento de gran importancia y valor en la práctica, ya que de ellos depende el éxito del juego.
Si existiera en el encuentro un cartón repetido, todo el juego y su organización fracasarían de inmediato. Edwin tenía conocimiento de esa situación y decidió contactar a Carl Leffler, un profesor de matemáticas de la Universidad de Columbia. Al pedirle ayuda a Leffler intentaba asegurar el éxito del juego y la calidad de los cartones en participación.
El matemático se encargó de aumentar en forma muy significativa la cantidad y calidad de combinaciones posibles en los cartones.
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