
Por estos tiempos el juego de bingo ha adquirido una gran extensión por todo el mundo. Es interesante observar que independientemente de la cultura donde se introduzca, esta propuesta del azar siempre llega pisando fuerte. Desde sus orígenes el juego se desarrollaba en ferias de Estados Unidos y era jugado por numerosos aficionados que participaban de las mismas. En los años inmediatos a su introducción en Norteamérica el juego era característico de las clases altas.
El glamour de los aficionados con gran poder económico era la característica principal del juego que rápidamente era observado como un entretenimiento elitista donde sólo participaban jugadores VIP, de categoría, con una gran intención de apuesta. Con el paso del tiempo el juego adquirió otros matices, aunque nunca perdió su característica popular. La intervención de algunas instituciones, como la iglesia contribuyeron a la extensión del juego por todo el globo.
Jugador vip
En la actualidad el bingo se presenta en numerosos casinos como una de las tantos juegos de azar. Sin embargo, la característica simple del juego tiene sus aficionados particulares. Como es bien conocido, muchos casinos realizan invitaciones a jugadores vip que componen la selecta lista de millonarios aficionados al azar en todo el mundo. El bingo en su presentación en numerosos casinos también tiene sus partidas especiales donde participan jugadores Vip y conforman un poso más que atrayente.
No obstante, personas de todas las clases sociales y todos los lugares, por más remotos, encuentran en el bingo diversión de la misma manera como lo hacen lo grandes magnates.

Después de la intervención de Edwin Lowe, el juego de bingo comenzó a ser perfeccionado y extendido por todo Norte América. Las relaciones comerciales hacían que el juego se extendiera rápidamente por toda la región incorporando presentaciones sociales y comunitarias.
Desde sus comienzos el carácter social del juego se estableció como un concepto social que relacionaba el juego con sus presentaciones. El lado comunitario comenzó a tomar gran valor y Lowe se encargó de acentuar su importancia.
La beneficencia comenzó a constituirse como otra utilidad del juego, fundamentada principalmente por el bajo costo de organización y la simpleza del entretenimiento. Para fomentar y organizar un encuentro de bingo sólo hacían falta unos elementos de poco valor en el mercado, además de contar con un salón apropiado, mesas y sillas.
Iglesia
Frente a la situación y visión social del bingo, un sacerdote católico de Pensilvania contactó a Edwin para sugerirle presentarlo en las iglesias. El sacerdote argumentaba que el juego ofrecía una interesante posibilidad de recaudar fondos con fines comunitarios.
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