
Es importante entender que los bingos, captan la atención de todo tipo de público, ya que es un juego donde la las edades y los entornos sociales poco tienen que ver.
Cuando uno se dispone a jugar al bingo, sabe que lo único que une a toda la gente que se reúne es la diversión. Esto hace que el idioma sea el mismo más allá de las diferencias que puedan existir entre unos y otros.
En el bingo, lo importante es entender que el simple hecho de asistir y tener unos cartones con números sobre la mesa es solo una excusa para conocer gente, pasar un momento agradable y en una de esas ganar un pozo que nos puede dar un placer extra.
Muchas veces, el pozo no suele ser una suma de dinero importante o bien un premio que nada hará cambiar nuestro hábitos, pero siempre tiene un destino interesante.
Recuerdo una vez, cuando un amigo, ganó en un bingo social, en un pueblo chico, que habían armado una comisión del hospital local, con el fin de recaudar fondos.
El premio recuerdo que era insignificante, pero la gran cantidad de público que se dio cita en el mismo, hizo que conozcamos a mucha gente. Sobre el final, mi amigo estaba a un paso de cantar bingo. Una mujer que estaba enfrente de él, se encontraba en la misma situación y en un momento determinado ambos se habían dado cuenta que estaban esperando esa bolilla ganadora, que los hiciera saltar de alegría y saber que nada es más gratificante en un juego de azar, que ser elegido por la mismísima suerte.

Para jugar al bingo existen algunos elementos indispensables en el desarrollo del juego. A pesar de ello, el bingo no es un juego de azar que solamente pueda ser llevado adelante en lugares específicamente preparados o en condiciones que requieran gastos excesivos de organización.
La facilidad con que puede organizarse un juego de bingo es quizás uno de los factores que ha motivado la extensión por todo el mundo de este entretenimiento de azar. Muchas instituciones además, eligen este juego como elemento de recaudación, ya que exige una inversión mínima, y sólo se deben precisar cuestiones organizativas y de legalidad para completar un interesante encuentro de bingo.
Muchos jugadores comprenden que el premio es un elemento secundario. Como es bien entendido en todos los juegos de azar, sólo unos pocos, una mínima parte de los jugadores asistentes podrán obtener algún premio.
Elementos
Para organizar un bingo es necesario tener un bolillero, las bolas de números, cartones, y un espacio de mesas donde los participantes puedan marcar y controlar los números que se anuncian en el juego. Con estos elementos es suficiente para desarrollar un interesante juego de bingo donde los participantes pueden entretenerse de manera eficaz.
El premio es el elemento que faltaría. Muchas entidades sin fines de lucro deciden otorgar uno de interés para evitar el manejo de efectivo, otras dedican un porcentaje de la compra del cartón; en cualquier caso el entretenimiento es el objetivo principal. La posibilidad de participar del juego es la finalidad de los esfuerzos organizativos.

Después de la intervención de Edwin Lowe, el juego de bingo comenzó a ser perfeccionado y extendido por todo Norte América. Las relaciones comerciales hacían que el juego se extendiera rápidamente por toda la región incorporando presentaciones sociales y comunitarias.
Desde sus comienzos el carácter social del juego se estableció como un concepto social que relacionaba el juego con sus presentaciones. El lado comunitario comenzó a tomar gran valor y Lowe se encargó de acentuar su importancia.
La beneficencia comenzó a constituirse como otra utilidad del juego, fundamentada principalmente por el bajo costo de organización y la simpleza del entretenimiento. Para fomentar y organizar un encuentro de bingo sólo hacían falta unos elementos de poco valor en el mercado, además de contar con un salón apropiado, mesas y sillas.
Iglesia
Frente a la situación y visión social del bingo, un sacerdote católico de Pensilvania contactó a Edwin para sugerirle presentarlo en las iglesias. El sacerdote argumentaba que el juego ofrecía una interesante posibilidad de recaudar fondos con fines comunitarios.
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Desde el continente europeo, el juego del bingo llegó a América de la mano de inmigrantes y desde los tiempos de la colonia. En el año 1929 se conoce por primera vez el registro de un juego de bingo en Norteamérica. En ese momento, durante el carnaval cercano a la ciudad de Atlanta, en Georgia, se presentó un juego de características similares denominado “Beano”.
El Beano se jugaba extrayendo discos numerados de cajas de cigarrillos para que los asistentes marcaran cartones y se hicieran acreedores a un premio. Los carnavales y ferias comenzaron a extender el juego por distintas regiones del país. La aceptación del entretenimiento en la sociedad motivó una rápida expansión por distintas regiones aportando nuevas características al juego de azar.
Bingo
El nombre del juego cambió por un aporte regional. En un desarrollo del juego un juguetero llamado Edwin S. Lowe escuchó a un jugador gritar Bingo en vez de Beano. Lowe, quedó maravillado por el juego y el nuevo nombre, se propuso extenderlo y mejorarlo. Pidió ayuda a un matemático de la universidad de Columbia, Carl Leffler, quien se encargo de aumentar las combinaciones de números en los cartones.
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El juego del bingo tiene numerosas presentaciones que en su conjunto se relacionan directamente con los objetivos del juego. El entretenimiento convoca a los aficionados con el fin de pasar un momento de agradable entretenimiento y propone, por lo general, premios en efectivo o en atrayentes obsequios al ganador del cartón lleno, líneas, figuras u objetivos intermedios.
Lo versátil del juego les ha permitido a los organizadores adaptar el entretenimiento con fines de recaudación, comerciales o como atracción en ferias y festivales. La aceptación de los aficionados y el conocimiento de las reglas del juego transmitidos de generación en generación le han permitido al bingo extenderse por todo el globo y presentarse en los lugares mas lejanos.
Diferentes instituciones han utilizados el juego con fines de lucro sin centrar los objetivos en proyecciones comerciales.
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Italia ha recibido innumerables muestras de apoyo tras el terrible terremoto, de 5,8 grados en la Escala Ricther, que azotó el centro del país el 6 de Abril, y que dejó tras de sí casi 300 muertos, 1.500 heridos, entre 38.000 y 60.000 edificios derrumbados o en los que no se puede vivir y 55.000 evacuados, 33.000 de ellos instalados en campamentos. Según ha asegurado el Ministro del Interior italiano, se necesitarán 12.000 millones de euros para reconstruir la zona devastada por el terremoto.
Entre muchos otros, el bingo ha querido solidarizarse con las víctimas y aportar su granito de arena. Así, la empresa española Codere organizó el pasado lunes 13 de Abril dos partidas de bingo en todas las salas de juego que tiene en Italia con el objetivo de recaudar fondos para las víctimas del terremoto de Abruzzo.
Según informó la empresa, la parte de la recaudación de esas partidas que corresponde al Grupo Codere (el 18,2% de lo jugado en cada partida) ha sido destinado a ayudar a las víctimas del terremoto.
Codere comenzó sus actividades de bingo a principios de la década de los 90 en Argentina. En la actualidad, Codere es el mayor operador de salas de bingo de la Provincia de Buenos Aires con un total de 14 salas con más de 8.000 asientos. Leer el resto de esta entrada